El Drive In de Cobian

Por Franklin D. López

Periodistas, Escritor, Empresario y Preso Político

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Habia llegado a la presidencia sin el apoyo de las estructuras de poder en el Colegio Nuestra Señora del Pilar. La principal del Colegio, Sor Ursula Quiñones, una monja nacida en San Germán y perteneciente a la orden de Santa Luisa de Marillac, tenia su propio candidato para la presidencia de la clase de 1964.

Mi oponente era un joven muy bueno y ayudaba a las mojas en resolverle situaciones de mantenimiento en la residencia que ubicada en una estructura aledanna al colegio. El Colegio del Pilar estaba ubicado en la carretera de Rio Piedras a Caguas muy cercano al teatro al aire libre para autos “El Drive In de Cobian.”

Habia estudiado en el Colegio del Pilar desde el quinto grado hasta octavo. Luego mi madre y yo tuvimos que partir hacia Nueva York buscando trabajo y mejores condiciones de vida. Luego de tres años y medios de ausencia regresamos a Puerto Rico. Me matriculé en el Colegio del Pilar para comenzar mi cuatro año de escuela superior. Mi clase estaba integrada por 34 estudiantes. El número de estudiantes femeninas eran 28 y seis masculinos. Tan pronto comenzó el curso habia que elegir la directiva de la clase grandanda de 1964.

Norma Alvarez, una muchacha petite, que habia estudiado conmigo algunos años de mi escuela elemental en el Colegio del Pilar era un dínamo de energías. Cuando se enteró que se convocaría una elección para la directiva de la clase, sin titubear me dijo, “tu vas a ser el presidente y yo te voy ayudar.” Se abrieron las candidaturas y radicamos dos candidatos; uno oficialista representante de la principal del Colegio del Pilar y el otro yo. La votación se hizo temprano en la mañana, antes que comenzara la clase de Inglés. Se repartieron las boletas de votación y salí electo con 32 de 34 votantes. Al conocerse el resultado, Sor Ursula, quien tenía su cara llena de pecas, se enrojeció y las pecas comenzaron como a moverse en su cara por su disgusto de que su candidato no resultara electo. Sabía que Sor Ursula iba a ser difícil para atender las actividades que se tenian que celebrar para levantar fondos para el anuario de la clase y para el “Senior Prom”.

Nombré un comité de trabajo para celebrar una serie de actividades para levantar fondos. Lenin Astacio era una de mis compañeras de estudio. Su familia era dueña de un local en Rio Piedras conocido como el Cupey Country Club. Conversé con ella para que nos diera un buen precio para celebvrar un baile para recaudar fondos. Para poder celebrar el evento tenía que reunirme con…si, con Sor Ursula Quiñones. La fui a ver a la oficina durante el receso del almuerzo. Su oficina era pequeña y la ventana por donde entraba luz estaba cerrada. La orcuridad era evidente pero habia una bombilla préndida que iluminaba el pecular hábito negro y blanco, coronado con un sobrero en forma de gaviota en vuelo. Medio “asustao” me senté y le hice la presentación.

Sor Ursula me miró de arriba abajo. Su mirada de Medusa casi me convierte en piedra. Me dijo, :Yo sé lo que ustedes van hacer en el mal llamado “Baile de Primavera de la Clase del 64.” Ustedes van a ir allí a pestillarse y a pecar.” Despues de haber hecho más maniobras que un avión aliado durante la invasión de Normandia y por lo menos haber eliminado medio litro de gotas de sudor me dió su

autorización. La entrada al baile fue de $ 2.00 dólares.

Para mi, eran tiempos de vacas flacas. Mi madre y yo viviamos de lo pco que sobraba del alquiler de dos propiedades que ella recibió del divorcio de mi padre. No tenia un gabán para ir al evento. Un misericordioso amigo me prestó uno. Me lo probé y por mi flacura me quedaba un poco grande. No tenía acompañante para el evento. Llamé a Ivonne Coll, una amiga con quién compartía música e historias de Paul Anka, y ella me resolvió con un “blind date.” Habló con ella y me confirmó dándome su dirección y teléfono.

La chica vivía cerca de la Plaza de Rio Piedras. La busqué como a las 7:00 pm y ya la noche cubria la ciudad con su oscuro manto. En el camino hablamos de generalidades para hacer conversación. Llegamos al Cupey Country Club. Cuando entré, la inmensa mayoría de mis compañeras de clase se me acercaron y lo menos que me dijero fue, “de dónde tu sacaste esa momia?”; “Franklin hay que llevarte de emergencia a un oftalmólogo porque estás ciego!” Enfoqué mi vista y la miré bien. Era verdad. Pero no iba hacerle pasar un mal rato. Después de todo era un “blind date” y tenía que asumir sus consecuencias. La saqué a bailar y mientras bailaba mis compañeras de clase sacaron su mejor colección de muecas y expresiones faciales. Bailando un bolero traté de darle un beso y ella me respondió, “no doy besos en la primera salida!” Wow! Qué tiempos aquellos!

Norma me sugirió que hicieramos una actividad en “El Drive In de Cobian.” Reunimos al Comité de Actividades y decidimos que se cobrara $ 1.50 por la entrada. Tenía que regresar a negociar el evento con Sor Ursula. Le expliqué el evento y me contestó, “¡Ajá…ahora quieren ir a ese lugar oscuro. Estoy segura para ir a fornicar! Eso si que yo no lo voy aprobar. Este mundo está perdido. Películas exhibiendo a hombres y a mujeres besándose. Que Jesucristo nos proteja! Pero si que no!”

Regresé un poco desanimado pero subiendo las escaleras hacia el segundo nivel del Colegio y recordé que el Padre Hermosilla era el Director del Colegio con poderes por encima de la principal (algo asi como el Congreso sobre los poderes del gobernador del ELA). Pedí verle y vestido con una sotana color crema y con espejuelgos gruesos me recibió en su oficina aledaña a la de Sor Ursula. “Padre…vengo a verle para que me autorice la celebración de una actividad en “El Cobian Drive In” para levantar fondos para la clase del 64. Padre Hermosilla me conocía bien porque le servía de monaguillo en la Parroquia de El Pilar en la Plaza de Rio Piedras donde de vez en cuando en la sacristía probamamos el vino. Con sus poderosos espejuelos que agrandaban sus ojos me dijo “mi querido hijo…y cuánto vas a cobrar por entrada?” Le respondi, “$ 1.50.” Rápidamente me dijo “dáme entonces .75 centavos por entrada.” (algo así como el IVU del presente gobierno PPD). “Padre…no podemos porque perderiamos dinero pero si usted me aprueba que la taquilla se venda por $ 2.00 dólares le doy cincuenta centavos!” Estuvo de acuerdo y me dió su autorización y hasta un gran abrazo.

“Asegúrate que la película no tenga escenas de hombres y mujeres besándose y exhibiendo escenas de mujeres en trajes de baños!” me sancionó. El menú de películas eran las siguientes: The Pink Panther; Zorba The Greek y The Fall of the Roman Empire. Escogimos The Pink Panther.

El Drive In de Cobian era un lugar de entretenimiento nocturnal y su éspoca dorada fue la de los sesentas. ¡Era un cine. con pantalla gigantezca bajo las estrellas! Se entraba en el auto y se tomaba un estacionamiento donde habia una bocina con un cable lo sificientemente largo para localizarla dentro.

En el centro de El Drive In de Cobian habia un edificio de dónde se proyectaba la película y la facilidad tenia un centro donde se vendian refrescos, “hot dogs” y golosinas. Servia como centro para hablar con los amigos y amigas o para comenzar el ritual de enamorar a una posible compañera para el “Senior Prom”. El Drive In de Cobian era un lugar mágico. Era un lugar de escape y al mismo tiempo para soñar. Nunca olvidaré las noches, que pasaban rápidamente, en este lugar adornados por la luna y las estrellas. Gracias Rafael Ramos Cobian por haber tenido la visión de darnos el inolvidable “Drive In de Cobian!”

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